lunes, 21 de enero de 2013

Nunca dejes nada sin terminar.

Erase una vez un niño de unos 16 años de mediana estatura, moreno y ojos verdes. Él era muy tímido e inocente. Su padre murió en sus brazos después de un accidente de moto y no le dio tiempo a decirle a su hijo lo que le quería decir. Entonces su hijo después del entierro y todo decidió jugar a la Ouija para descubrir lo que le quiso decir su padre. Aquella noche fue muy extraña ya que el niño quiso jugar solo, en cuanto empezó a recitar aquellas palabras, se escuchaban como unos suspiros a lo lejos. Al rato el niño le hablaba y se apagaron las velas negras que había colocado para invocar. Para el mayor susto del niño se rompió una ventana a sus espaldas. El niño no aguanto más su miedo y dejó todo tirado en aquella casa abandonada y se fue corriendo lo más rápido que podía hacia su casa. Desde aquel día que ni se lo nombró a su familia aunque él se notaba extraño. Al pasar al menos 2 meses notaba que cuando estaba a oscuras algo le acompañaba, una noche lo vio, era una especie de sombra vestida con una capucha negra y se le veían unos brillantes ojos rojos dentro de la capucha. Desde que vio a aquel ser decidió que la mejor forma de contactar con su padre y deshacerse de aquel ser que le perseguía sería la muerte, subió a la azotea de su edificio y se tiró. Vio a su padre por el camino y le gritaba que no lo hiciese pero ya era tarde y llegó al suelo. Llegó el fin de su vida.