Durante más de cuarenta años, este mítico lugar del metro madrileño ha permanecido paralizado en el tiempo, en la oscuridad y el silencio del subsuelo de una gran ciudad, que ha evolucionado desde entonces para convertirse en una gran metrópolis. Durante cuatro décadas, tan solo los ojos más perspicaces de los usuarios del metro, podían ver de forma fugaz los antiguos andenes alicatados con azulejos blancos y grandes anuncios publicitarios de tiendas que hace mucho tiempo que dejaron de existir, y de productos que tan solo los más viejos conocen.
Pero la historia de la vieja estación de Chamberí no tiene un final triste como la mayoría de los lugares y edificios míticos que son presa del abandono. En 2006, Metro y ayuntamiento de Madrid, ponen en marcha el proyecto Andén 0, para rehabilitar esta vieja estación junto con la Nave de motores de Pacífico, que fue clausurada en 1972. Ambos lugares lucen hoy con el esplendor de sus mejores tiempos y, a modo de museo, (ningún metro hace parada allí) se pueden visitar de forma gratuita sus pasadizos, taquillas y andenes, para dar un salto temporal, y poder contemplar la belleza de esta estación, obra del arquitecto Antonio Palacios, que se inspiró en las estaciones parisinas para su construcción. Se han mantenido al máximo, e incluso unas luces amarillentas, parpadean al paso de los trenes.
Como no, las características del lugar han dado pie a muchas variadas leyendas en los últimos años. No son pocos los que aseguran haber visto, a través de las ventanas y al paso veloz del metro por aquel lugar, a antiguos pasajeros apostados en los oscuros andenes, a la espera de un tren que nunca llegará.
