viernes, 23 de noviembre de 2012

El Jocker.

Una vez existió un payaso que se escondió en un túnel del terror en un parque de atracciones. Se cuenta que cada niño que entraba en aquel túnel no volvía a salir, excepto uno. Era una niña de 15 años que la retaron a que entrase aun sabiendo la historia. Una noche sus amigos la esperaban fuera mientras ella entró, el túnel no le daba ningún miedo aunque ella estaba nerviosa esperando el momento de que se encontrase al payaso. Avanzaba por aquel túnel lenta y nerviosamente, iba iluminada por unas luces de neón las cuales no daban mucha visión. De repente escuchó unos llantos al final del tenebroso pasillo, corrió hacia ellos pensando que sería algún niño encerrado. Cuando llegó allí no había nada más que un radio caset emitiendo los llantos. Ella lo apagó y continuó caminando por el pasillo. Siguió avanzando y de repente alguien le posó una mano en el hombro y ella se estremeció, miró y vio a un niño asustado diciéndole que le sacase de allí que eso era el infierno y la abrazó. Ella pasando ya de averiguar la historia ya iba con otro objetivo, sacar a aquel pobre niño con el rostro triste y asustadizo. Se llamaba Edgar y tenía su misma edad que él también entrara con el mismo objetivo que ella y no volvió a encontrar la salida. Avanzaban los dos de la mano por aquel cada vez más oscuro y eterno pasillo...De repente se encontraron a aquel ser feo y cruel con dos cuchillos de carnicero entre sus manos, ellos empezaron a correr y el payaso lanzó un cuchillo hacia ellos y uno se le clavó a el en una pierna y calló al suelo en ese momento ella encontró una salida y rápidamente antes de que el payaso les alcanzase, la chica como pudo agarrando a Edgar salieron por la puerta. Ella le acompañó al hospital para que le curasen y traumatizados decidieron no volver JAMÁS por ese parque de atracciones.  A los pocos días Edgar desde el hospital vio en las noticias que esa atracción había sido incendiada intencionadamente con ese ser maligno dentro, llamó a la chica por teléfono y ella le desveló que destruyó a aquel ser que no volvería nunca más a matar.

lunes, 29 de octubre de 2012

Halloween.

Ya todos sabemos que se acerca halloween, una gran noche tenebrosa para pasar con los amigos contando historias de miedo delante de una hoguera o en un cementerio. Espero que veáis las nuevas historias que subiré en estos días dedicadas al halloween. Un saludo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

La chica de la curva.



Lo que voy a contar no es un relato como otro cualquiera, esto es una leyenda urbana. Sucedió una noche que tres jóvenes iban de copas en coche por la sierra madrileña, cuando se dirigían de un pueblo a otro por una carretera comarcal, el joven que iba de copiloto comentó: -Ten cuidado que a unos pocos kilómetros esta la curva de la muerte, y el que iba sentado atrás dijo: -Vaya  tontería. A lo que
preguntó el que conducía: -¿qué fue lo que paso? a lo que dijo el copiloto: -Cuentan que una pareja de novios que estaban a punto de casarse, estaban dando un paseo en coche, iban a cenar justo al pueblo donde vamos nosotros y en esa curva se les cruzo un lobo y el novio intento esquivarlo pero perdió el control y se estrellaron despeñándose por un barranco. Los dos murieron, pero el cuerpo de él nunca apareció pero se supone que murió eso fue al menos lo que dijo la Guardia Civil después de una semana de búsqueda. Apareció en el fondo de un barranco el cuerpo de la chica y el coche destrozado pero el cuerpo del novio nunca apareció y dicen que ella se aparece un poco antes de la curva haciendo dedo para que pare un coche, se monta y cuando llega el coche a la curva la chica desaparece del asiento del coche donde se sienta, sin ninguna explicación. Dicen que es su fantasma, que todavía sigue buscando a su novio después de tanto tiempo.
-También dicen que aun sigue buscándolo, repitió el que iba sentado atrás. -Eso es una tontería yo he pasado muchas veces por ahí y nunca la he visto, yo no me lo creo sigo diciendo que es una mentira que se ha inventado alguien que no tenía otra cosa que hacer. El que iba de copiloto dijo: -Pues yo si me lo creo porque lo cuenta mucha gente, y dijo el conductor: -estaría bien que nos la encontrásemos para saber si es verdad o no, pues yo también lo creo yo nunca la había oído pero a mi esas historias me gustan mucho.
Los jóvenes continuaron su camino sin novedad, olvidándose del tema y cuando menos lo esperaban se encontraron a una chica haciendo dedo y dijo el que iba atrás: -para, para, que ha esta me la ligo yo. El conductor paró y la chica se montó sin preguntar nada junto al que iba detrás que empezó a hablar con ella. Pero ella no contestaba solo llevaba la mirada fija en la carretera sin decir palabra y el que iba atrás seguía intentando ligar con ella a lo que ella no contestaba, pero de repente se puso muy nerviosa y comenzó a gritar: ¡el lobo, el lobo, el lobo, cuidado con la curva! y de repente se calló y el copiloto miro para atrás y la chica ya no estaba, y dijo el conductor: ¿y la chica? y dijo el copiloto: ¡ha desaparecido! debía ser la famosa chica de la curva, ¿ves como era verdad lo de la chica? dijo al que iba sentado atrás, y cuando volvió la cabeza vio que tampoco estaba su amigo, y dijo: ¡para, para, que Pedro también ha desaparecido! el conductor paró, se bajaron los dos del coche para buscarlo, empezaron a gritar, Pedro, Pedro, Pedro, pero Pedro no contestó. Estuvieron buscando por toda la zona de la curva y no encontraron nada ni a su amigo ni a la chica. -Tío, pues es verdad lo de la chica, pero ¿por qué Pedro también ha desaparecido?. -Pues eso si que no lo sé,  no tengo ni idea de lo que ha podido pasar, continuaron buscando un buen rato cada vez más nerviosos pero nada y dijo el copiloto: ¿qué vamos a hacer ahora? a lo que dijo el conductor: -cálmate, por favor que poniéndonos nerviosos no vamos a solucionar nada, vámonos que aquí no aparece nadie, vamos al pueblo y damos parte a la Guardia Civil y ellos sabrán lo que hay que hacer. Y eso hicieron nada más llegar al pueblo fueron al cuartel de la Guardia Civil les atendió un joven agente al cual le estuvieron explicando nerviosamente lo que les había pasado y el agente escribía en el ordenador con cara de incredulidad que cosa más curiosa dijo el agente, la primera noticia que tengo sobre esa curva, nunca había oído nada similar. Siguieron contándole lo que les había pasado y cuando el agente termino de escribir: -¿ya han terminado? a lo que los jóvenes contestaron: si señor eso es todo. El agente sonriendo entre dientes preguntó: -¿ustedes han bebido? -No señor, si veníamos a este pueblo para dar una vuelta y tomarnos algo cuando nos ha sucedido esto. -Bueno pues ya queda reflejada su denuncia yo daré notificación al comandante de puesto y el comenzará la investigación ya les llamaremos con lo que sea, -Muchas gracias dijeron los jóvenes y salieron del cuartel. El conductor dijo al amigo: -vamos a tomar algo haber si se me pasan un poco los nervios, a lo que el amigo dijo: -vale. Entraron en un bar cercano al cuartel, pero ya en la plaza del pueblo, estaban tomando algo tranquilamente y comentando entre los dos lo que les había pasado y un señor mayor se les acerco, y dijo: -perdonad que os moleste pero creo que ha vuelto a pasar... -¿El qué? preguntaron los jóvenes, -si dijo el señor mayor, la chica de la curva -¿y cómo sabe usted eso?
-porque esa chica era mi nieta estaba a punto de casarse y mira lo que paso venían a cenar a mi casa, pero todavía estamos esperando que llegue mi mujer, que murió con el disgusto que en paz descanse. La queríamos muchísimo y a su novio también pero mira llegó su hora y la muerte no perdona cuando te quiere viene a buscarte y no pregunta los planes que tienes, te lleva y punto, una noche se me apareció mi nieta cuando dormía y me pregunto si había visto a Luis que era su novio que nunca apareció su cadáver, si había venido a verme, pero le tuve que decir que no, les esperábamos a los dos y nunca llegaron, y me dijo que no pararía hasta encontrarlo, por eso se mete en todos los coches para ver si lo ve porque me dijo que donde ella donde y los muertos no está pues haber donde esta, pero dijo el conductor: -sí, pero porque ha desaparecido también nuestro amigo y dijo el señor: -por incrédulo seguro que no se lo creía, o dijo que era mentira o una tontería o cualquier cosa así, -si algo así dijo, cuando conté yo la historia en el coche dijo que era una tontería... -pues cuidado, dijo el señor -que no es el primero que le pasa, por no creerse esa leyenda urbana ya tiene habido muchas desapariciones de ese tipo hasta los conductores de los coches y luego aparece el coche solo estrellado en la curva, ella es muy vengativa y existe a sí que cuidado con ella y con la gente que no crea que se los lleva y no vuelven a aparecer, los jóvenes terminaron su consumición se despidieron del señor y salieron del bar preocupados por lo que les conto el señor, cogieron el coche y se volvieron a sus casas con la experiencia de que la chica de la curva de la muerte existía.
A sí que ya sabéis cuidado con lo que decís de las leyendas urbanas cuando os las cuenten sean o no ciertas, tienes que creer que en muchos pueblos existen curvas de la muerte y muchas leyendas urbanas que están sin confirmar pues tened cuidado no os vaya a pasar lo que a Pedro y a más personas...

La acampada.

Este relato ocurrió en un fin de semana que un grupo de amigos fueron de excursión al monte para hacer acampada. Durante el fin de semana, cuando encontraron un claro en el bosque se dispusieron a acampar, cuando tenían el campamento preparado hicieron fuego y se dispusieron a preparar la cena. En el silencio de la noche unos ruidos extraños perturbaron la calma, cuando fueron a mirar haber lo que pasaba descubrieron que habían unos extraños seres de distintos colores y tamaños, unos seres muy raros que se aproximaban a su campamento que no se sabía con que intenciones se acercaban. Emitiendo unos extraños sonidos con la boca, los excursionistas optaron por salir huyendo en dirección a los coches que habían dejado unos cinco kilómetros más abajo del campamento y los seres seguían detrás de ellos persiguiéndolos cada vez en mayor número y los excursionistas no sabían qué tipo de seres eran, si eran alienígenas o criaturas del bosque pero uno de ellos dijo: -Pero si esta zona del bosque es segura, por aquí no suele haber animales ni nada, por eso nos dejan hacer fuego. Lo mismo son alienígenas que se han estrellado por aquí con su nave pero no hemos visto ninguna explosión ni hemos escuchado nada extraño ni tan siquiera en la radio. Pero bueno ellos seguían corriendo hacia los coches y uno de los excursionistas dijo: -¿Pero dónde están los coches?. -Todavía están más abajo. -Pues si que hemos andado hasta el campamento, pues más o menos unos cinco kilómetros. Los seres no paraban de seguirles y cada vez venían más y más. Cuando por fin alcanzaron los coches se dieron cuenta de que se habían dejado las llaves en el campamento y no pudieron huir en ellos y uno dijo: ¿Que hacemos ahora? A lo que contesto otro: -Seguir corriendo, que los seres nos están alcanzando. Siguieron corriendo a través del bosque sin saber en qué dirección iban pero seguían escapando de los seres. Después de haber corrido unos quince kilómetros llegaron a un acantilado del cual ya no tenían escapatoria y a los pocos minutos se vieron rodeados de una multitud de seres y cuando se creían que les iban a atacar, el que parecía el líder se aproximo a ellos, se quito la careta y dijo:
-¿Vosotros no os disfrazáis para halloween?. A lo que dijo uno de los excursionistas: -¡Ah! ¿pero es que venís disfrazados?. -Pues claro estamos de halloween. -Pues vaya susto nos habéis dado.  

viernes, 14 de septiembre de 2012

Las luces.

Esta historia me la contó una chica de 16 años, y no le sucedió a ella, sino a su madre, una española que emigró a Alemania para buscarse la vida, teniendo que alquilarse una casa con su joven esposo que apenas tenía comodidades. Eso sí, tenía visitantes misteriosos. Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento el que le hacía tener alucinaciones auditivas. Los rasguños en la cama no son tan inhabituales ¿no?. Muchos los hemos oído. Son visitantes que quieren comunicarnos que "están ahí también, que no estamos solos". La joven vivió con esa extraña experiencia unos días y terminó por acostumbrarse, pero una noche ocurrió algo terrible. Estaba tumbada en la cama, descansando, su marido estaba afeitándose en el cuarto de baño, y de pronto unas lucecitas de un tamaño algo mayor que el de las canicas, blancas azuladas y brillantes, comenzaron a salir de debajo de la cama. Subieron, ascendieron hasta ponerse encima de ella, y bailaron. La chica las miró estupefacta, tragó saliva y respiró profundamente. ¿Qué era aquello? ¿De dónde salían? ¿Qué las producía?.  Y entonces las luces comenzaron a bailar con movimientos más bruscos, y una poderosa fuerza salió de ellas. La chica notó esa fuerza en puñetazos y patadas invisibles que la golpeaban y empapaban contra las paredes...Gritó, y su marido se cortó con la gillete. Cuando él iba a salir la puerta del cuarto de baño se cerró de golpe. La joven española emigrante sufrió una paliza que la dejó destrozada, y no pudo hacer una denuncia, porque ¿en qué comisaría de policía iban a escuchar semejante historia sin echarse a reír?. No volvió a ocurrirle porque volvió a España entre lágrimas y terrores. Durante años jamás contó la historia, cuando lo hizo, fue para contárselo a su hija, quién me confesó que su madre no podía hablar del tema sin echarse a llorar y a temblar. No es para menos. Su hija también lloro al contármelo.

martes, 15 de mayo de 2012

Adolf Hitler.


La Primera Guerra Mundial había dejado una Alemania derrotada política y económicamente, en un frustrado proceso por implantar la democracia liberal que reemplazara anteriores monarquías. Ello, unido al arraigo de su tradición militar y del nacionalismo romántico según el cual el Estado era la encarnación del espíritu del pueblo, así como ciertos hábitos autoritarios de la sociedad alemana, constituía un excelente caldo de cultivo para cualquier nacionalsocialismo, tan en boga en la época.
Adolf Hitler añadió con maestría el elemento del racismo para formar la mezcla explosiva y paranoica que galvanizaría a toda una nación. Consiguió el apoyo de un ejército herido en su honor; de los industriales enfrentados a los sindicatos y al temor de la ideología marxista; de una frustrada clase media y del proletariado «víctima de los sindicatos y de los partidos políticos». Supo concitar en todos el odio a los judíos, como elemento cohesionador, y proponerles la superioridad de la raza aria como única válida para dominar el mundo.
Su obra Mein Kampf (Mi lucha) se convirtió en evangelio de masas, sin ser tratado de política, y en libro santo de la vida e ideas del jefe supremo, sin ser ninguna confesión del autor, a pesar del título. Según lo expuesto en él, la raza aria es superior por naturaleza; el Estado es la unidad de «sangre y suelo»; el Fürher es la encarnación del Estado y por tanto del pueblo... Nada nuevo. Pero sí el arma más eficaz para la más cruel derrota del pueblo que la utilizó, el mayor genocidio de la historia y la destrucción de Europa.
Lazos de sangre:La búsqueda de unos antecedentes familiares que pudieran justificar el desequilibrio de Hitler indujo a la construcción de diversas historias acerca de sus orígenes. La oscuridad de los pocos datos reales y la escasa fiabilidad de algunos de los vertidos por él en su libro Mein Kampf, contribuyeron a suscitarlas. Así, se ha especulado sobre el posible alcoholismo de su padre, sobre que éste murió confinado en un manicomio, o que su madre fue una prostituta y tuvo un abuelo judío. Ninguna de estas hipótesis ha podido probarse y sólo se puede afirmar con absoluta certeza que Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau del Inn, pueblo fronterizo de la Alta Austria, y que fue el tercer hijo de un matrimonio formado por el inspector de aduanas Alois Hitler y su tercera esposa, Klara Pólzl.
Se supone que su abuelo fue Johann-Georg Hiedler, molinero de la Baja Austria que en 1842 se casó con una campesina, Maria Anna Schicklgruber, quien ya tenía un hijo natural de cinco años, Alois, cuyo padre no era otro, al parecer, que el propio Hiedler, aunque no le dio su apellido. Casi cuarenta años más tarde, en 1876, Johann-Nepomuk Hiedler, hermano del anterior, se presentó con Alois ante el párroco de Dóllersheim y le pidió que borrase del registro la palabra «ilegítimo» y lo inscribiera como Alois Hiedler por deseo expreso del padre. Johann-Georg llevaba veinte años enterrado y su madre treinta, pero el cura accedió. Alois, al año siguiente de su legitimación, cambió su apellido Hiedler, de origen checo, por el de Hitler, de grafía similar a su fonética.
Alois Hitler había ingresado a los dieciocho años en el Servicio Imperial de Aduanas y hasta 1895 trabajó como oficial en distintos pueblos de la frontera austrobávara. Había contraído matrimonio con Anna Glass en 1864, mucho mayor que él, que murió sin descendencia en 1883. Un mes después se casaba con Franziska Matzelberger, quien ya le había dado un hijo, Alois, y tres meses después de la boda le dio una hija, Angela, la única con quien Adolf había de mantener relación durante toda su vida, y de cuya hija Geli Raubal llegó a enamorarse. Esta segunda esposa fallecía también poco más tarde de una tuberculosis. En enero de 1885 Alois se casó con Klara Pólzl, en terceras nupcias. En mayo nacía Gustav. Tanto éste como una hija nacida en 1887 murieron en su infancia. En 1889 nacía Adolf y más tarde Paula.
Adolf Hitler tenía seis años cuando su padre se jubiló. La familia dejó entonces Passau, su último destino, se mudó a Hafeld-am-Traun, luego a Lambach y por último compraron una casa en Leonding, aldea en las afueras de Linz. Allí pasaría Hitler su infancia y por ese motivo es considerada la «ciudad natal del Führer» y por lo tanto centro de peregrinación nazi. Su padre murió el 3 de enero de 1903 dejando una pensión a su viuda. Dos años después su madre vendió la casa por diez mil coronas y se establecieron en Linz.
En el verano de 1905 Adolf concluye sus estudios por obligación, pues su mediocre rendimiento en la Realschule le había valido la expulsión sin conseguir título alguno. Cuando su madre murió, en 1907, se trasladó a Viena con el dinero de la herencia. Dibujaba por afición y esperaba convertirse en un pintor académico. Se inscribió para las pruebas de acceso en la Academia de Artes Plásticas, pero fracasó en el examen de ingreso. Al año siguiente reunió la mayor cantidad de sus dibujos y volvió a la academia, pero la institución, tras observarlos, esta vez ni siquiera lo admitió a examen.
Fue entonces, a finales del año 1908, cuando entró en contacto con el antisemitismo mediante las teorías de Liebenfels. En ellas se vislumbra ya el germen de su ideología posterior: Liebenfels llamaba Arioheroiker ('héroes arios') a la raza rubia de los señores y los enfrentaba a los seres inferiores, los Affingen ('simiescos'), para concluir que la necesidad de diezmar a estos últimos era biológicamente justificada, pues acabaría con el engendro del mestizaje.
Durante todo el año siguiente Hitler consumió cantidades de esos panfletos racistas. Ya entonces vivía miserablemente, había agotado su herencia y no trabajaba; se alojaba en una residencia para hombres indigentes y pasaba hambre en sus vagabundeos por Viena. Además, no se presentó a los reiterados llamamientos para cumplir el servicio militar y, a los veinticuatro años -edad a la que cesaba la obligación de ingresar a filas-, cruzó la frontera alemana, instalándose en Munich.
El germen:Las autoridades austríacas averiguaron su paradero y le obligaron a comparecer en su consulado en Munich y luego ante la comisión de reclutamiento de Salzburgo. Allí, dado su débil estado físico, fue declarado no apto e inútil para la milicia. El 16 de agosto de 1914 se presentó como voluntario al ejército alemán: la Primera Guerra Mundial había comenzado. Herido y gaseado en el frente, fue condecorado con sendas cruces de hierro al mérito militar de segunda y de primera clase, honor este último muy raro para un sargento, como él era.
Según testimonios, fue un soldado valiente y se ganó pronto la simpatía de sus superiores gracias a su marcado antisemitismo. Fue nombrado oficial de propaganda del Reichswehr, el ejército regular, y se dedicó a predicar el ideal nacionalista y la lucha contra los bolcheviques entre sus camaradas, dando numerosas conferencias. El 12 de septiembre de 1919 fue comisionado a asistir a una asamblea del incipiente Partido Obrero Alemán (DAP) con el objeto de recabar información sobre dicha asociación. Hitler intercambió impresiones con el presidente del DAP, Anton Drexler, y todo habría terminado allí, quizá, si no hubiese recibido poco después una tarjeta postal en que la dirección del partido (entonces no contaba con más de cincuenta afiliados) le comunicaba su ingreso en el mismo.
En marzo del año siguiente abandonó la milicia para dedicarse por entero a su actividad política; fue entonces cuando el partido añadió a su denominación Nacionalsocialista, convirtiéndose en el Nationalsozialistische Deutsche Arbei-terpartei (de cuya abreviatura surgiría la palabra nazi), y Hitler se convirtió en su jefe de propaganda. Como tal consiguió reclutar a personajes destacados de la sociedad muniquesa, esencialmente nacionalistas y, en menor medida, a trabajadores, cuyo número fue disminuyendo a medida que el NSDAP se engrandecía, y él se hacía con la presidencia, tras eliminar a Drexler.
En noviembre de 1923, siguiendo el ejemplo de Mussolini en Italia, intentó un golpe de estado, conocido como el putsch de 1923. Los dos cabecillas de la intentona, Hitler y Ludendorff, fueron detenidos y juzgados; su fracaso le valió una condena de cinco años de prisión, de los que sólo cumplió nueve meses debido a la presión de sus camaradas. De esa estancia en la prisión de Landsberg surgió la primera redacción de Mein Kampf, dictada a Rudolf Hess.
La crisis económica de 1929 permitió al partido nazi un desarrollo más que considerable. En 1932 se presentó a las elecciones presidenciales, y si bien fue derrotado, obtuvo trece millones y medio de votos. En enero de 1933 ocupó la cancillería con el conservador Von Papen. Hitler disolvió el parlamento, inició una campaña financiada por los magnates del Ruhr (Von Thyssen, Otto Wolff, Voegeler) marcada por la violencia de las Schutz Staffel, las SS, la policía militarizada del partido nazi, y el incendio del Reichstag de Berlín, el 27 de febrero, hecho que utilizó en su favor atribuyendo su autoría a la subversión comunista y que le dio pie para instituir el estado de excepción.
Fueron los pasos necesarios para acabar con sus oponentes. Primero promulgó una ley destinada vagamente a restablecer «el funcionamiento de carrera», pero que sirvió en realidad para depurar a los judíos y marxistas de los servicios del Estado, y en general de todo aquel que ocupase un puesto codiciado por los nuevos jefes nazis. Tras su primer encuentro con Mussolini, el 14 de junio de 1934 en Venecia, Hitler y la jefatura del nacionalsocialismo (Goebbels, Göring, Heydrich y Heinrich Himmler) se deshicieron de su otrora apreciado Ernst Röhm y otros opositores al régimen: Gregor Strasser, Schleicher, Kahr, a la cabeza de un centenar, todos ejecutados a quemarropa en la que fuera llamada «Noche de los cuchillos largos» (30 de junio de 1934). Von Papen se libró de la quema gracias a la protección del mariscal Von Hindenburg, todavía presidente del Reich; pero por las dudas se aprestó a dimitir de su cargo de vicecanciller, se fue a Viena como embajador y más tarde siguió sirviendo a Hitler en Ankara.
El 2 de agosto de 1934 murió el anciano Paul von Hindenburg, presidente del Reich, y Hitler, gracias a una ley promulgada en el mismo instante por él, se convirtió en jefe supremo del Estado, unificó ambos ministerios (Estado y cancillería) y el ejército juró fidelidad al «Führer y canciller Adolf Hitler». En ese momento las SS contaban con más de cien mil hombres dirigidos por un ex agricultor fanático que, según algunos, superó en temeridad al propio Führer: Himmler.
El III Reich:Bajo la finta del culto al deber y la jerga prusiana, el nuevo Estado reflejaba los rasgos de su creador: eficaz, pero desordenado, enérgico y centralizado. Hitler fue fiel a sus costumbres vienesas: se levantaba a las doce, y amparado por un gran número de secretarios privados con rango ministerial que filtraban a sus visitantes, recibía sólo a quien le apetecía y sólo por un par de minutos. Su vitalidad aparecía durante la noche, cuando su terror a la soledad le conducía a mantener extensos monólogos hasta la madrugada.
No existían reuniones de gobierno. Las leyes se promulgaban mediante sus escuetas órdenes y más tarde sólo bastaría con una observación caprichosa. Sus incondicionales anotaban todas sus ocurrencias espontáneas y las transmitían a la nación como órdenes del Führer. Existe una anécdota a este respecto que, fundada o no, resulta sin duda ilustrativa: Hitler dice a sus acompañantes, frente a la iglesia de San Mateo de Munich, que la próxima vez no quiere ver esa pila de piedras. Él se refería a un montón de adoquines que estaban apilados cerca de la entrada, pero su observación se interpreta como una alusión a la iglesia y ésta es demolida sin más al día siguiente.
Así funcionaban los mecanismos de gobierno de una nación de setenta millones de habitantes, y a pesar de todo, funcionaban; gracias a su intuición, a su olfato, a su elección sistemática de soluciones viables. Su política social surtía un efecto extraordinario sobre las masas. Ordenaba obras que, según él, contraponían al «socialismo teórico» el «socialismo de los hechos»: préstamos «al matrimonio» que impulsaban la creación de nuevas familias; protección y descanso a las madres; envío masivo de niños (el primer año 370.000) a colonias de vacaciones; casas-cuna, guarderías; obras con denominaciones tan extrañas como «de socorro invernal», «del hogar», «fortaleza mediante la alegría» y campañas con títulos como «buena iluminación», «zonas verdes en la empresa», «educación popular», «departamento del ocio», o «belleza del trabajo», todas ellas pensadas con una estratégica visión de futuro y para un pueblo que salía de la miseria.
Entre tanto, Himmler recluía a medio millón de personas en los veinte campos de concentración y los ciento sesenta campos de trabajo, y eso sin incluir a los millones de judíos, polacos, prisioneros de guerra soviéticos, sospechosos de semitismo y subversivos que pasaron por los campos y perecieron en las cámaras de gas o fueron aniquilados por el trabajo. Primero de forma clandestina, luego más abierta, el exterminio respondía a los objetivos expuestos en Mein Kampf. Y también su política exterior; como Mussolini, Hitler ayudó a Franco en su lucha contra la república. Luego camufló, con el nombre de «lucha contra el bolchevismo», la alianza con los dictadores. Al adherirse Japón, pudo amenazar la retaguardia de la Unión Soviética, que, con Francia, eran sus mayores amenazas.
A fines de 1937 decidió reunir todos los países de lengua alemana antes de que las potencias occidentales acabasen de rearmarse. Ante la alarma del ala más conservadora del ejército, hostil a las SS, se deshizo de Blomberg, Von Neurath y destituyó al comandante en jefe de la Wehrmacht, Von Fritsch, acusándolo de homosexual, y al jefe del estado mayor Beck, asumiendo él mismo el mando.
Seguro de la adhesión del Duce, en marzo de 1938 se apoderó de Austria. En septiembre, con el miedo a la guerra a su favor y el anticomunismo occidental, obtuvo la firma del Acuerdo de Munich, con lo cual ganó una cuarta parte de Checoslovaquia. El 15 de marzo de 1939, ya organizada la secesión eslovaca, puso bajo su protección a Bohemia-Moravia y ocupó Memel. A partir de abril reclamó los distritos alemanes de Polonia, reforzó su alianza con Italia mediante el Pacto de Acero del 22 de mayo y firmó el Pacto de Neutralidad germano-soviética. El 1 de septiembre invadió Polonia, desencadenando la Segunda Guerra Mundial.
Adiós a Berlín:La dominación de Hitler se extendió pronto por toda Europa. El 22 de junio de 1941 atacó la Unión Soviética y el fracaso frente a Moscú lo condujo a tomar él mismo el mando del ejército de tierra. Aún a fines de 1942 su empresa era exitosa. Ese año ya se había anunciado, aunque veladamente, la «solución final a la cuestión judía», y se sucedían los asesinatos masivos de judíos en toda Europa. En Polonia se acaban de construir nuevos campos: Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Majdanek, Treblinka, Sobibor, Belzec. Incluidos los judíos rusos, los cálculos menos pesimistas estiman las víctimas en más de cuatro millones.
El 10 de septiembre se había conseguido la expansión máxima de los alemanes en la Unión Soviética. La guerra se vio estancada y el adversario obligó a Alemania a defenderse. En noviembre las fuerzas aliadas desembarcaban en Marruecos y Argelia, y en enero de 1943 la Conferencia Angloamericana de Casablanca exigía la capitulación incondicional. Un mes después, el ejército alemán debía rendirse en Stalingrado. Goebbels declaró entonces la «guerra total».
Durante los meses siguientes, sin embargo, el poder alemán fue decayendo abrumado por diferentes acontecimientos. En abril y mayo la resistencia se rebeló en el gueto de Varsovia y el Afrika-Korps italo-germano capituló en Túnez. En julio los aliados entraron en la fase de bombardeos masivos sobre Hamburgo y destruyeron gran parte de la ciudad; el día 10 los ingleses y norteamericanos desembarcaron en Sicilia y el 25 cayó Mussolini. Italia declaró entonces la guerra a Alemania. El 1 de diciembre Roosevelt, Churchill y Stalin, reunidos en la Conferencia de Teherán, plantearon la conveniencia de desmembrar Alemania. En junio de 1944 los aliados desembarcaron en Normandía.
Hitler, acosado, sufrió además un atentado planeado por un grupo de oficiales cuando se encontraba en su cuartel general de Rastenburg (Prusia Oriental) y resultó con heridas leves. En venganza, hizo ajusticiar por lo menos a doscientos resistentes de la élite político-militar, y Kluge y Rommel se suicidaron. El 25 de septiembre hizo un llamamiento a las fuerzas populares como último intento de resguardar «el imperio». Desgastado por las derrotas, ya era sólo un enfermo mental. No obstante, creía todavía en el triunfo mediante las armas secretas en preparación y aun supervisó la última ofensiva alemana en las Ardenas. Luego regresó al búnker de la cancillería.
En abril de 1945 Adolf Hitler, totalmente aislado, salvo una ya reducida corte de aduladores y su amante Eva Braun y Goebbels, contempló cómo sus otrora fieles servidores intentaban abandonarlo: Göring, que trataba de acelerar el inevitable final; Himmler, que incluso intentó contactar con el enemigo... Fiel a sí mismo, como expresó en 1939, jamás pronunciaría la palabra «capitulación». El día 13 brindó con Göring por la muerte de su despreciado Roosevelt. El 20 volvió a brindar con sus pocos adeptos por su quincuagésimo sexto aniversario. Las tropas rusas, mientras tanto, proseguían su inexorable avance hacia Berlín.
En la madrugada del 29 de abril ordenó que se presentase ante él un funcionario del registro civil y contrajo enlace con Eva Braun, su «fiel alumna» que había conocido cuando era empleada de la tienda de Hoffmann, su fotógrafo, en 1932, pocos meses después de que su primer amor, Geli Raubal, la hija de su hermanastro, se suicidara en el domicilio particular de Hitler en Munich. Hitler y Eva Braun ya tenían previsto quitarse la vida cuando decidieron su unión. El Führer acababa de recibir hacía unas horas la noticia de la ejecución de Benito Mussolini frente al lago Como. Luego había ordenado que envenenasen a Blondi, su pastor alemán. Al acabar la ceremonia dictó testamento político nombrando al almirante Dönitz como su sucesor. Al día siguiente, hacia las tres de la tarde se oyeron dos disparos: Hitler y Eva Braun habían muerto.
Mientras los dos cadáveres eran consumidos por las llamas en el jardín del búnker, Bormann comunicó por radio a Dönitz que Hitler lo había designado su sucesor, pero ocultó la muerte del Führer aún veinticuatro horas más. En ese lapso, él y Goebbels intentaron una nueva negociación con los soviéticos; pero fue un esfuerzo inútil. Entonces telegrafiaron otra vez a Dönitz comunicándole la muerte. La noticia se dio por la radio el 1 de mayo con fondo de Wagner y Bruckner, dando a entender que el Führer había sido un héroe que había caído luchando hasta el fin contra el bolchevismo. Esa noche se llevó a cabo una huida masiva y fueron muchos los que lograron fugarse de Berlín. Goebbels prefirió envenenar a sus hijos, luego mató a su mujer de un balazo y se suicidó de un tiro. El 7 de mayo de 1945 se firmó la capitulación en Reims y el día 9 se repitió la firma en Berlín. Ese mismo día se suspendieron todas las hostilidades en los frentes europeos. El III Reich había sobrevivido a su creador exactamente siete días.


Cleopatra.


(VII) Última reina de Egipto, perteneciente a la dinastía de los Lágidas o Ptolomeos (Alejandría, 69 - 30 a. C.). Hija de Ptolomeo XII, fue casada con su propio hermano Ptolomeo XIII, con quien heredó el Trono en el año 51 a. C. Pronto estallaron los conflictos entre los dos hermanos y esposos, que llevaron al destronamiento de Cleopatra.
Sin embargo, su suerte cambió al llegar hasta Egipto las luchas civiles de Roma: persiguiendo a su enemigo Pompeyo, Julio César fue a Egipto y tomó partido por Cleopatra en el conflicto con su hermano. Durante la llamada «Guerra Alejandrina» (48-47 a. C.) murieron tanto Pompeyo como Ptolomeo XIII y tuvo lugar el incendio de la legendaria Biblioteca de Alejandría, que se perdió para siempre.
Cleopatra fue repuesta en el Trono por César, que se había convertido en su amante (46 a. C.); y contrajo matrimonio de nuevo con su otro hermano, Ptolomeo XIV, a quien manejó a su antojo. Cleopatra trató de utilizar su influencia sobre César para restablecer la hegemonía de Egipto en el Mediterráneo oriental como aliada de Roma; y el nacimiento de un hijo de ambos -Ptolomeo XV o Cesarión- parecía reforzar esa posibilidad.
Tras el asesinato de César en el 44 a. C., Cleopatra intentó repetir la maniobra seduciendo a su inmediato sucesor, el cónsul Marco Antonio, que por aquel entonces luchaba con Augusto por el poder (36 a. C.). Cleopatra y Antonio impusieron su fuerza en Oriente creando un nuevo reino helenístico capaz de conquistar Armenia en el 34.
Entonces estalló la «Guerra Ptolemaica» (32-30 a. C.), por la que Augusto llevó hasta Egipto su lucha contra Antonio. El enfrentamiento definitivo tuvo lugar en la batalla naval de Actium (31), en la que la flota de Antonio fue derrotada fácilmente al abandonarle los egipcios. Marco Antonio consiguió huir y refugiarse con Cleopatra en Alejandría; cuando las tropas de Augusto tomaron la ciudad, Antonio se suicidó.
Cleopatra intentaría aún, por tercera vez, seducir al guerrero romano -en esta ocasión Octavio Augusto- para salvar la vida y el Trono; pero Augusto se mostró insensible a sus encantos y decidió llevarla a Roma como botín de guerra. Ante tal perspectiva, Cleopatra se suicidó por el procedimiento ritual egipcio de hacerse morder por un áspid. Augusto aprovechó la circunstancia para asesinar también a su hijo Cesarión, extinguiendo así la dinastía ptolemaica y anexionando Egipto al Imperio Romano.